13.1.09

))De misterios y gatos alados))


De la mano de mis queridos amigos Elio y Yahaira, sigo visitando nuevos puertos y compartiendo más tesoros. Hoy me encontré, en el blog de Elio, con estos gatos preciosos, obras de la artista Sara Sánchez Alonso. Se los quiero presentar. ¡Miren qué maravillas! Dan ganas de llevárselos. Mi gata Cata y yo, estaríamos encantados de conocer a estos gatos alados.
De repente, en cada uno de estos sitios, vivo como una niña, sentada en medio de un montón de cajas, tentada por abrir todas y descubrir qué guarda cada una. Trazos que y miradas que aflojan, colores que acercan esperanza, un paraíso con sabia en las venas. Allá donde la belleza y la armonía son posibles. Allá está adentro de cada uno. Celebro tantos dones y tantos especiales amigos. Gracias a todos.

6 comentarios:

Yahaira Valverde dijo...

En eso tienes razón, Sara Sánchez Alonso hace preciosidades. Sus cuadros son hermosos, tiene un sensibilidad que cautiva a todo aquel que mira sus obras.

No sabes cuanto la admiro también.

Espero que siga creando. Siempre digo que hay personas que brillan que son como estrellas que alumbran el cielo y en este caso ella también ilumina. Cuando lo hace nos deslumbra con su luz.

Un abrazo Azucena

Pd: Tu nos iluminas con tus palabras, bondad y tu forma de ser. Saludos.

°•๋● Agustina Ibarra ●•๋° dijo...

Que bueno que navegues e inspecciones, porque gracias a eso estoy conociendo (a traves de vos) cositas hermosas, mori de amor con esos gatos!!
besitos azucenilla
muaaa

alis dijo...

Nunca me gustaron ni los perros ni los gatos, siempre me agradaron las flores y las plantas con las cuales me llevo bien. Sin embargo, reconozco
que me encantaron los cuadros de Sara
Sanchez Alonso, me parece que lo vuelve magico cuando pinta a ese animal tan enigmatico que es el gato.

Yahaira Valverde dijo...

Estimada Aazucena:

Te dejo este cuento que me gusto para ti, a cada uno de mis amigos les he dejado uno. Espero te guste. Saludos.

La yerba mate:

LA YERBA MATE
Mito Guaraní (Paraguay)

- ¿Por donde podré bajar?, se preguntaba la solitaria luna paseándose por el cielo. El inmenso espacio azul le parecía una jaula y su único amigo era el aire. Lo envidiaba por su libertad para desplazarse de un lado a otro jugueteando con las nubes. Su mayor anhelo era pisar esa verde alfombra de las praderas que veía desde arriba, y dejarse resbalar por las colinas que descendían hasta un profundo y misterioso manchón azul.

- Quiero conocer ese otro cielo que tienen abajo, - le contó al aire.

No es el cielo, mi amiga, - silbó el, - es el mar.

Se acrecentaron sus deseos y en un ataque de mal genio gritó:

- ¡Quiero bajar! ¡Quiero bajar!

Una estrella peleadora le dijo:

- ¿Para que formas berrinche? Eres centinela de la noche y no puedes dejar tu puesto.

Al verla llorar lagrimas de plata, las nubes se pusieron de acuerdo. Ellas la comprendían, porque en sus viajes siempre admiraron la tierra.

- Te vamos a ayudar para que no se note tu ausencia, - le dijeron, - Cada una de nosotras colgará sútiles gasas de neblina y entre todas formaremos un telón, que dejará la noche más oscura que boca de lobo.

- ¿Que es eso? - preguntó ingenuamente la luna.

El arco iris prestó su escala de siete colores, y la luna, con una capa negra, un aderezo de tules y una coronita de estrellas, cómo una reina, bajó orgullosa. La tierra le abría al fin sus brazos amorosos, sus lagos y sus abanicos de palmera. La primera sensación que experimentó fue la de volar, de ser libre como un pájaro, hasta que sus piés tocaron unas agrestes colinas cubiertas de vegetación, entre las que cantaba el río Parana. Se volvió niña, fascinada por las flores y los perfumes. Al mirarse en las aguas, su cara redonda le pareció demasiado pálida entre los coloreados frutos. Hubiera querido ponerse trenzas y parecer una campesina.

- ¿Donde habra niños? - se preguntaba, sin saber que era éste un lugar tropical y muy desierto.

- Ven a nadar, - la invitó el río con un murmullo de cascadas.

No se hizo de rogar la traviesa luna. Se despojó de su capa y tules y de su coronita de estrellas para sumergirse en las rumororsas aguas que se llenaron de reflejos. En el oleaje aparecía y desaparecía, cual un barco redondo y blanco, y era ella la que miraba el cielo, un tanto oscuro sin su presencia.

"Ahora, - pensaba, - que he probado los frutos y conozco eso verde que es el pasto, los helechos y el agua; ahora que he aquietado este deseo de tierra, podré volver a mi sitio y ser para siempre una luz lejana, que alumbre los caminos del mundo y las ventanas de sus casas. Pero, ¿que bueno fue mirar desde abajo!"

Ni se acordaba del cielo y lo encontró lindo.

Con su falta de experiencia olvidóse del jaguar, el temible animal de la selva que en las noches busca siempre alguna victima para calmar su feroz apetito. Agazapado entre los juncos, vió a la luna, le parecio una gran tortilla de maiz, un tanto cruda tal vez. Cuando quiso abalanzarse a devorarla, el cuchillo de un diestro cazador terminó con su hambre y con su vida. Este hombre con su mujer e hija eran los únicos habitantes de la enmarañada selva; había construido una choza en un claro y hacía tiempo que andaba en busca de liquidar al jaguar que robaba sus animales domesticos.

- No temas, criatura, - le dijo a la luna, que tiritaba de susto, sin saber aun de quien era esa redonda cara pálida, - Yo te llevaré a mi choza, en donde mi familia te atenderá.

Generoso, como buen campesino, le cocinó la última tortilla de maiz que quedaba; pasarían muchos meses antes de la proxima cosecha. La luna, envuelta en una gran sábana, se sintió feliz y humana entre gente tan amable, hasta que oyó decir a la mujer de su salvador:

- ¿Que vamos a comer mañana? Se acabó el maiz.

Con un poco de pena se puso su capa de reina, sus gasas y su coronita maltrecha. Se decidió a partir para volver a tomar su puesto en el firmamento y de paso agradecer su ayuda a las nubes. Nadie se había percatado de su ausencia ni de su viaje a la tierra y el arco iris se afanaba guardando su escala. La luna pensó: "¿que puedo regalarle a esos campesinos que tan amablemente me acogieron? Algo que los ayude a vivir momentos felices, a olvidarse de la soledad y que los reponga de los duros trabajos que realizan". Entonces, muy emocionada, dejó caer sus lágrimas de plata que, iluminando la choza de luz y reflejos, regaron los campos.

Cuando al amanecer el buen hombre salió de la casa, arbustos desconocidos habían brotado por doquier. Entre el verde oscuro de las hojas asomaban blancas florecillas. La mujer, de pura hambre, preparo una infusión con esta yerba nueva y al beberla se sintieron todos mucho mejor y con ánimo.

El arbusto cundió como maleza por todas partes, y el país se hizo famoso y rico por su yerba mate. Se dice que la hija del campesino fue la depositaria de este regalo, que jamas murió y que va por todas partes repartiendo este don de la luna.

agua de azucena dijo...

gracias yahaira, por esta hermosa leyenda de la yerba mate! como sabés por acá en argentina tomamos mucho mate! a mi me gusta el mate cocido, y también el mate que tomaba con mis abuelas. te agradezco muchísimo este relato. esas lágrimas de plata de la luna, transformadas en flores. a propósito, creo firmemente en todos los procesos de transformación. y los celebro. el arte, la bondad y la belleza ayudan a sanarnos. gracias yahaira. muchos saludos.

Yahaira Valverde dijo...

Por eso te lo mande, intuí que te gustaría. Es cierto, si cada día juntamos esas cosas de las que me hablas, estaremos transformándonos y también la de los demás, serán la propia vibración que tu emanes y crecerán contigo también.

Saludos amiga un abrazo enorme.