13.8.08

)) Canción de estrellas ))

Le gustaba asomarse a ese huequito y apoyar el ojo derecho. Por ese resquicio, latía, respiraba. Las flores como estrellas eran sus adornos. Le hacía bien repensarse bella. Entera. Libre. No sabía bien por qué, o sí, había caído en ese túnel. Escarbaba adentro y a su alrededor. Estiraba la mano. El eco la volvía loca. Quieta, observaba. Se había cansado de pensar. Apoyó el ojo izquierdo. Esperó. Pasó un hada. Le tejió una manta con flores y estrellas. Le sonrió. Prometió volver a iluminarla.

7.8.08

)) Otro lugar ))


Correr la mirada. Cambiar la rutina. Ver. Tocar. Despertarse. Jugar con la luz. Un momento que proyecta. Compone. Quiere dibujar. Sonríe. El aleteo dura lo que el tiempo tarda en curvar el sol. Ese instante, que pasa y no se atrapa, eso, eso es la felicidad.

3.8.08

)) Tienes un nuevo mensaje ))


Juega con su teléfono celular. Del otro lado del vidrio de la Kentucky desaparece la pizza con fainá. Afuera, nadie compra. De vez en cuando asoman sus ojos blancos por debajo de la capucha. Pasa un turista. Pasa un policía. Pasa gente. Pasan cientos. El somalí manda mensajes de texto. El domingo a las 5 de la tarde huele a caño de escape, colectivos atestados y pisadas de Plaza Italia. En Somalía nacen los colores, la música, y un te quiero, te extraño, quiere llegar a un móvil en el desierto.