4.6.08

LA FLOR DEL IRUPE))... o la leyenda del amor

Había una vez una doncella que se enamoró de la luna. Sin embargo, su amor languidecía, mirando cómo el cuerpo celestial derramaba su pálida luz. Un día, la doncella se animó a partir en busca de su amante. Primero subió a los árboles más altos. Inútilmente estiró los brazos. Después, con mucho esfuerzo, trepó a la montaña. En la cima, la sacudieron los fuertes vientos, pero ella igual esperó el paso de la luna. También fue en vano. Suspirando y muy dolida, volvió al valle. Caminó y caminó para ver si llegaba a la línea del horizonte y podía alcanzarla. Sus pies sangraban.
De pronto, una noche se miró en el fondo de un lago. Vio a la luna reflejada, tan cerca de ella, que creyó poder tocarla. Sin dudarlo, se tiró y descendió hasta lo más profundo. Las aguas se cerraron sobre la doncella y allí quedó, para siempre, con su sueño.
Compadecido, Tupá, el Dios guaraní que creó el Universo, la transformó en irupé. Sus hojas en forma de disco lunar, que miran siempre hacia lo alto, le parecieron el mejor homenaje.

Versión libre del relato de Velmiro Ayala Gauna, en La selva y su hombre, Rosario, Librería y Editorial Ruiz, 1944, tomada del Diccionario de Mitos y Leyendas.

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