19.6.08

Pepi, Luci y Bom... y otras chicas del montón


¿No parecen ellas? ¿Las chicas de Almodóvar en aquella peli de 1980? Acá en versión 2008 y espiando el mar Cantábrico, colgadas de la baranda, trasero pa' fuera...
¡Gracias María Noel Scanarotti por mandarme esta foto! María, autora del Caleidoscopio de Noticias y coblogger, no pierde pisada en su recorrida por el verano europeo. Gracias María, de nuevo, por el aporte, la buena onda y el humor...
Ah, y por favor, que nadie se pierda el detalle de los zapatos al tono. Los turquesas, con pulserita.

6.6.08

MAMUSHKAS)) Cada una, un deseo

Algunos dicen que su origen está en Rusia, y otros en Japón. El asunto es que la famosa mamushka o matrioshka (matrona) parece que recién fue conocida en la región -- concretamente en Zagorsk, a 70 kilómetros de Moscú-- en 1890, cuando la pintó un tal Sergie Maliutin. Según cuentan, antes de eso era una muñequita de carita alargada (de tanto meditar, decían) que se fabricaba en Japón para simbolizar a un sabio llamado Fukuruma.
Sin embargo, después de que la pintara el ruso Maliutin, en 1900 fue expuesta en París donde ganó un premio por su originalidad.
Japonesa o rusa, la campesina de cara redonda y ojos claros va vestida con el traje nacional ruso (sarafan) y lleva el cabello lacio bien guardado bajo el pañuelo.
Por su singular forma de encastrar una dentro de la otra, a las mamushkas se las vincula con la maternidad, la fertilidad, la nutrición y el crecimiento. Además, dicen que traen buena suerte y ayudan a conceder los deseos. Cuando uno de ellos se cumple, hay que abrirla y sacar a la otra. Y y así, hasta que se cumplan todos.

4.6.08

LA FLOR DEL IRUPE))... o la leyenda del amor

Había una vez una doncella que se enamoró de la luna. Sin embargo, su amor languidecía, mirando cómo el cuerpo celestial derramaba su pálida luz. Un día, la doncella se animó a partir en busca de su amante. Primero subió a los árboles más altos. Inútilmente estiró los brazos. Después, con mucho esfuerzo, trepó a la montaña. En la cima, la sacudieron los fuertes vientos, pero ella igual esperó el paso de la luna. También fue en vano. Suspirando y muy dolida, volvió al valle. Caminó y caminó para ver si llegaba a la línea del horizonte y podía alcanzarla. Sus pies sangraban.
De pronto, una noche se miró en el fondo de un lago. Vio a la luna reflejada, tan cerca de ella, que creyó poder tocarla. Sin dudarlo, se tiró y descendió hasta lo más profundo. Las aguas se cerraron sobre la doncella y allí quedó, para siempre, con su sueño.
Compadecido, Tupá, el Dios guaraní que creó el Universo, la transformó en irupé. Sus hojas en forma de disco lunar, que miran siempre hacia lo alto, le parecieron el mejor homenaje.

Versión libre del relato de Velmiro Ayala Gauna, en La selva y su hombre, Rosario, Librería y Editorial Ruiz, 1944, tomada del Diccionario de Mitos y Leyendas.