8.10.07

VIAJES)) Naranjas, enanitos y azahar

Hay otra vida donde el enanito y sus amigos cuidan el puesto que vende naranjas gordas y brillantes, donde la tarde huele a azahar, donde se saluda con buenos días y buenas tardes, donde en menos de 24 horas es posible cruzarse cuatro veces con el mismo auto, donde al coche nuevo todo el pueblo lo reconoce, donde se duerme la siesta, donde los caballos, ovejas, gansos y gallinas andan sueltos por la calle, donde el de la mesa de al lado convida de su asado, donde se dice por favor y muchas gracias, donde la gente devuelve lo que otro se olvidó, donde nadie está apurado, donde en el restorán hay un señor que canta como Nino Bravo y las parejas bailan pero no salen por televisión, donde crecen las lechugas y los repollos a metros de la calle, donde las casas más humildes tienen vista al río Paraná, donde un domingo a mediodía hay más gente haciendo el asado que tomando sol en la playa, donde al porteño se lo reconoce antes de que hable, haga o diga nada, donde a los porteños no nos queda otra que callarnos. A dos horas y media de Buenos Aires, o veinte de la Quiaca, San Pedro.


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