14.8.07

HISTORIAS)) Quino, Manolito y recuerdos de San Telmo

Odiaba caminar por el barrio. Me enojaba. Me parecía feo. Intimidatorio. Mi madre me mandaba al almacén, cuando tenía siete años, porque era a la vuelta y “no había que cruzar la calle”. A los 10, ya me agregaba a la lista de mandados, ir hasta el Mercado de Defensa, a tres cuadras y media. Pero yo detestaba también ese trayecto. Apretaba la mandíbula fuerte y la colocaba hacia adelante. En actitud guerrera, ponía cara de perro con rabia. Ni eso hacía desistir a los muchachos y sus piropos poco creativos en las empedradas calles de San Telmo, allá por los 70, cuando Independencia era angosta. Además, el barrio me hacía sentir “como sapo de otro pozo” frente a mis compañeritos de colegio en el Centro. Al único que le gustaba era a mi viejo tanguero, orgulloso de vivir a metros de El Viejo Almacén. Pero había más cosas, menos "atractivas". Por ejemplo la CGT frente a casa. Ya pueden imaginarse lo que era la avenida Paseo Colón (nosotros vivíamos en el 797) en aquellos años. Desde nuestro departamento, en el piso 11, además del río, se veía todo. Cada marcha. Cada manifestación. Montoneros. Bombos. Y hasta vimos pasar, literalmente, el cajón de José Rucci, el Secretario General de la CGT, asesinado en 1973. “El cadáver de Rucci”, era justamente a lo que jugábamos mis hermanos y yo en los recreos del colegio, imitando lo que veíamos a los seis años desde la ventana.
Pasaron más de tres décadas y volví a la manzana donde nací. Fui directo a Balcarce 774 a buscar a Don Manolo. Así recordaba yo a nuestro almacenero, un hombre grandote, rubión y de cara colorada, que nos fiaba y nos hacía probar galletitas mientras “limpiaba” la mesada con un trapo rejilla, el mismo que después usaba para repasar la máquina donde cortaba el jamón.
Hace días nos enteramos que el Gobierno de la Ciudad está cerca de poner una placa recordatoria en la casa donde vivió Quino (Chile 371), gracias a la movida que impulsó Bloc de Periodista. Leyendo esta nota y otras relativas me desayuno con que el mismísimo almacén adonde mi mamá me mandaba a la vuelta, “porque no había que cruzar la calle”, es el que hoy exhibe orgulloso la placa “Almacén de Don Manolo” y en el que supuestamente se inspiró Quino para crear al célebre amiguito de Mafalda. Allí atiende hoy Don Manolo, que no es el hijo del hombre a quien le comprábamos jamón, sino su primo. Y fue este Manolo quien me ayudó con el rompecabezas nostalgioso.
En realidad, él y su papá manejaban el Almacén Don Manolo en el Mercado de San Telmo, ese adonde yo iba con más cara de perro. Su puesto estaba entrando por Defensa a la derecha, enfrente al del carnicero de pelo largo, por quien yo moría de amor infantil y que era un calco del jugador Rubén Ayala, de San Lorenzo, el club de mi hermano Simón. Manolo se acuerda de las otras épocas del Mercado, “no como ahora que está lleno de gente extraña”, dispara y sigue: “Antes pasábamos música para que escuchara todo el mundo”. En los 90 se mudó con su Almacén al lugar que ocupa ahora y que fuera de su primo Alfredo (al que le comprábamos el fiambre), en Balcarce entre San Lorenzo e Independencia. Y eso sí, este Don Manolo colgó la placa que recuerda que Quino se inspiró en él y su familia para su historieta. Sin embargo, aclara: “Yo no soy Manolito. Quino armó un rejunte de todo. ¿O me ves a mí con los pelos parados, petiso y regordete?”, increpa sonriente el hombre que pasó largos los 50 y que, paradójicamente, se parece más a Quino que a Manolito. Estuvimos charlando un rato. La política pesada de aquellos años tiñe la conversación.
Recuerdos aparte, hoy para comprar en el almacén –devenido en “polirubro”--, ya no se entra al local sino hay que asomarse a una ventana atiborrada de chorizos, tartas, fiambres, empanadas, salsa criolla, chimichurri, mostaza y ketchup. Taxistas, ciclistas y vecinos pasan y saludan a Manolo mientras miran si se tientan con algo del singular “buffet froid”, enmarcado por fotos de los personajes del barrio, intelectuales, políticos, famosos y de los otros. Desde allí también se “pispea” lo que adentro permanece exactamente igual al almacén de mi recuerdo, el color gris que empasta cada rincón cargado de objetos. Tampoco ha cambiado el olor denso, ni ese aire que lo hacía tan particular.
Me fui pensativa, con más dudas para mi rompecabezas. Caminaba de regreso por la empedrada Balcarce y, desde una obra en construcción, otra vez los piropos de los muchachos. Esta vez, sonreí.
(*) Gracias a Bar de Monos Chilenos. por la foto del Almacen Don Manolo.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Está muy bueno. Me encantó. Dan ganas de conocer a Don Manolo y comerse un sandwich de crudo y queso.

Anónimo dijo...

Está muy bueno. Me encantó. Dan ganas de conocer a Don Manolo y comerse un sándwich de crudo y queso.

Anónimo dijo...

Muy bueno... Se me piantó un lagrimón.

alis dijo...

Excelente! Me dieron ganas de recorrer el barrio de San Telmo como lo hacia antes deque se mudara mi hermano y su familia, claro a un barrio mas cheto.

Anónimo dijo...

La foto del almacen de Don Manolo pertenece al edificio donde yo viví con mis padres y hermana hasta los ocho años.
Don Manolo era mi tío abuelo, él vivía con su esposa (Carmen)y sus hijos (Isabel y Juan)en la planta baja. Se ve la entrada por la puerta derecha.
Nosotros vivíamos en la planta alta con otro tío abuelo (Ramón) y su señora (Carmen) e hijo (Alfredo). Se ve la entrada por la puerta izquierda. Alfredo era mi padrino.
Juan, al que todos llaman Manolo por su padre, es la persona a la que se entrevista en la nota.
Mabel Fernández

agua de azucena dijo...

Gracias Mabel, por los detalles, los datos y el recuerdo!

silvia dijo...

Muy linda historia, y bueno saber que uno fue parte de ese lugar.

Silvia Fernández (hermana de Mabel)

Claudia de Bahía dijo...

Mabel siempre recuerdo, que nos contaste que vivías en San Telmo, pero no me extraña que seas parte de esa historia porque, sino no serías la Mabel que conozco y quiero.
Claudia

Anónimo dijo...

Que linda historia, y enriquecedor los datos que aporto Mabel, mi amiga de toda la vida.
Adriana.