29.7.07

La derrota, de Manuel Vicent

Durante las épocas de paz, las higueras crecen en las grietas más altas de los castillos. Las he visto entre los sillares de Efeso, Pergamo, y Epidauro, en las murallas medievales de Rodas, en las barbacanas de la fortaleza papal de Aviñon. Cuando la larga paz convierte los baluartes en ruinas, a ellas ascienden las aves llevando semillas de higuera y de otros frutales en las patas y estos árboles arraigan y luego brotan en mitad de torreones, en la cima de los santuarios derruidos, como en un acantilado cuyas elevadas grutas sustentan ramas de granado con nidos de águilas.
De igual modo, después de cualquier destrucción a la que el tiempo o la soledad te hayan sometido, también los pájaros azules volarán hasta los resquicios inaccesibles de tu alma con las alas llenas de simiente de flores, las cuales nacerán sobre el humus que haya creado el dolor, y entonces volverá un día de gloria y melancolía para ti. Recuerda que, a pesar de todo, lo más elegante todavía es la derrota. De ella quisiera escribir ahora mientras suena la música de Donizetti en el Elixir de amor.
En nuestra sociedad, que está amasada con héroes y mercancías, los máximos vencedores siempre acaban anunciando sardinas en escabeche. Así trabaja el destino. Afrodita hoy pasaría modelos de Yves Saint Laurent, y Sócrates haría filosofía envuelto en una sábana a la sombra de esa valla donde brilla con el fulgor del cerdo una salchicha de Mc Donald. Huye del éxito, criatura, porque todo el que triunfa ya ha muerto. Pide sólo que los dioses te quieran, vístete de dril, y apartado de la fama, contempla el mar hasta que tus ojos se vuelvan azules. La victoria engendra dispepsia. En cambio, la melancolía es una vid muy dulce que los dioses reservan para algunos escogidos perdedores. Antiguamente era una enfermedad sagrada. Ahora, la melancolía se ha convertido en un estanque cuyo espejo reflejo la imagen de algunas ruinas, de sabios y flores, marginados decadentes, aves azules, frutas de oro, la última gente elegante que ha sido derrotada pero no vencida.

(*) Diario El País, 1989. (En la foto, el templo de Artemisa en Efeso).

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