29.7.07

Artemisa, diosa de armas llevar

Artemisa era una mujer, mejor dicho una diosa, de armas llevar. Quizá tenga que ver que -además de la diosa de la fertilidad y de los partos- también la consideraban la diosa de los cazadores. Es que Artemisa andaba por la vida munida de arco y flecha, despilfarrando carácter, y peleando por lo que quería (de ahí, tal vez, las protuberancias de la imagen, que primero se creían eran pechos y ahora se piensa son testículos de toro... sí, tal cual lo leen). De entrada nomás, Artemisa hizo de todo para poder nacer. Primero tuvo que bancarse que Hera (otra esposa de su papá Zeus) se pusiera celosa de su madre Leto, y le prohibiera parir en tierra firme o en cualquier isla. Entonces, Leto tuvo que irse a Delos, una isla flotante recién creada. Pero una vez que sorteó este inconveniente, apareció otro (siempre hay otro). Hera, además, había secuestrado a Ilitía, la diosa de los partos. Las demás deidades la tentaron con un collar de ambar de ocho metros para que la soltase. Así es que primero nació Artemisa y, luego ella misma ayudó a nacer a su hermano gemelo Apolo.
Después, la Diosa agarró a su papá Zeus, cuando sólo tenía tres añitos, y le arrancó una serie de pedidos, como para andar cómoda por todos lados. Primero le dijo que no pensaba casarse nunca. Y después le pidió un ejército de sabuesos, ciervos para que tiraran de su carro, y ninfas como compañeras de cacería. Los problemas empezaron a llegar cuando se fue topando con algunos señores. El primero fue Acteón, que la vio bañándose desnuda en un bosque, y se enamoró al instante. Artemisa lo convirtió en ciervo. Con Sipriotes, otro candidato, hizo algo parecido. Lo transformó en mujer. El drama y los grandes líos vinieron, sin embargo, con Orion. Una de las versiones dice que Artemisa estaba enamorada de él y pasaban mucho tiempo juntos cazando. Apolo, su gemelo, se puso celoso y mandó un escorpión gigante para matarlo. Artemisa quizo esconder a Orion en una isla. Pero cayó en la trampa de su gemelo. Un día, el hermano la desafía a pegarle un flechazo a una roca que flotaba en el agua. Era la cabeza de Orion. Cuando los restos llegaron a la orilla, Artemisa lloró mucho y envió a las estrellas, al cuerpo y a su perro de caza. En el cielo, brillaron como las constelaciones Orion y la estrella Sirio. Y el escorpión pasó a ser la constelación Escorpio.
Hay muchas historias más. Lo cierto es que hoy el templo dedicado a la Diosa griega, subsiste luego de haber sido quemado un par de veces desde la antigüedad. Con sus 127 columnas jónicas de 20 metros de alto, resplandece en Efeso, Turquía, a orillas del mar Jónico. Está considerado una de las siete maravillas del mundo, no se sabe si por su enigmática belleza o por las encumbradas luchas de su dueña. Quizá ambas cuestiones sean parte del mismo misterio.

1 comentario:

alis dijo...

Diosa y todo pero al final la engrupieron como a cualquier mujer terrena