12.7.07

EL SECRETO DE CARRASCOSA)) La mueca final

Estuvo siete horas bajo la lente de la cámara, expuesto no sólo al veredicto de la Justicia sino, todavía más, al escrutinio de la opinión pública. Y Carlos Carrascosa sabe que todos los ojos están puestos sobre su semblante congelado. Sabe, y es más, lo disfruta. Cuál otra podría ser la explicación a su rostro vacío, sin delación absoluta de ninguna emoción --durante todo el juicio--, y desde las seis de la tarde, hora en que comenzó la lectura del fallo, hasta pasada la una de la mañana, en que el Tribunal Oral Nro. 6 de San Isidro lo encontró culpable de encubrimiento y ordenó su detención inmediata, sentenciándolo a cinco años y medio de prisión. Más aún: en el minuto decisivo, mientras el acusado escuchaba cuál sería su destino y dónde pasaría la noche, las próximas horas, días, meses y quizá años, su cara esgrimía una mueca final. La mueca airosa que deriva del poder de ser el único conocedor de qué pasó aquel 27 de octubre de 2002, entre las seis y veinte y las siete de la tarde, en su coqueta casa del country El Carmel. La mueca que lo acompaña ahora en el calabozo, y que es el sello de su secreto, el que lo hace sentir superior, aún despojado de sus ropas de marca, de su libertad, y en el vacío de su celda.

*Foto de Clarin.com

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