6.7.07

AZUCENA RECOMIENDA)) "Los tiempos cambian"

Lo que atrapa de la peli es la zona de transición en la que se desarrollan y crecen todas las historias. Nada aquí es ni blanco ni negro, ni hetero ni homo, ni Europa ni Africa. Es, precisamente, Tánger, el último puerto en Marruecos, la “salida” o “entrada”, hacia el otro continente. Nada se presenta tan claro ni firme en “Los tiempos cambian”, salvo (¡y esto sí es necesario!) el espíritu romántico que obsesiona y propulsa a Gerard Depardieu (Antoine) para recuperar la atención de su antiguo amor, la gélida pero bella, Catherine Denueve (Cecille). Deparidieu hace de sí mismo, al punto tal que ridiculiza su propia nariz --estrellándola contra el vidrio--, sólo para que ella lo mire. Pero si Gerard se autopersonifica, también lo hace la Denueve. El film del francés André Techine es cine de verdad. El hombre sabe mover la cámara. Sabe “contar” sin obviedades. Vean al menos dos veces la escena en que Depardieu queda sepultado en la obra –recuerden, aquí nada es firme, ni el suelo que se pisa— y que luego da pie al relato. Vean también cómo el dire presagia ese momento. Después, presten atención a los diálogos. “Me gusta este lugar porque aquí no hay nada”, suspira Catherine cuando se queda a solas con Depardieu, en una playa en los acantilados de Tánger. “Cómo que no hay nada?”, contesta él. Está el mar, y atrás del mar está España, y detrás de España está toda Europa”. ¡Ah!, la brujería también tiene un lugar en la trama.

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